¿Estás evitando que tu hijo sea un matón?

El acoso escolar probablemente ha existido desde que hubo escuelas. En un momento, incluso se vio como un hecho inevitable, tal vez incluso importante, de la vida. A los niños acosados ​​se les dijo que lo resistieran como una forma de aprender a ser fuertes. Los acosadores fueron ignorados o incluso alentados. Pero la última década o dos ha visto un cambio en la actitud pública de la negación del impacto negativo del acoso a la preocupación. Las noticias sobre los suicidios de algunas víctimas jóvenes, el asesinato de al menos otra y los tiroteos en las escuelas perpetrados por quienes reciben un constante menosprecio y humillación han llevado el tema a la atención nacional.

El problema es enorme. Según el estudio, entre el 10 y el 30% de los estudiantes informan haber sido víctimas de sus compañeros. Comienza desde el preescolar, alcanza su punto máximo en la escuela secundaria y continúa durante los años de la escuela secundaria. La investigación no es concluyente sobre las diferencias de género, pero parece que los niños son más propensos a participar en amenazas y acciones físicas, mientras que las niñas son más propensas a participar en acoso verbal y cibernético, difundiendo rumores y excluyendo a sus víctimas de su grupo. La tecnología ha sacado el problema de los pasillos de la escuela y la cafetería y lo ha llevado a las vías respiratorias para ambos sexos.

Los sistemas escolares están incorporando consultores y proporcionando programas para abordar el problema. Pero, como ocurre con la mayoría de las cosas, las escuelas solo pueden hacer mucho. La prevención del acoso comienza en casa.

Hay docenas de artículos en línea sobre cómo ayudar a su hijo a evitar ser víctima y qué pueden hacer los padres si ocurre. Hay muchos otros artículos sobre la importancia de enseñar a nuestros hijos cómo ser parte de la solución informando y siendo críticos activos de los acosadores.

Pero este artículo trata sobre otro tema difícil: confrontar el hecho de que cualquier niño (incluso nuestro niño) puede convertirse en el matón al que los demás niños temen. Los impactos no se limitan a las víctimas. Cuando un niño se gana la reputación de ser un matón, también tiene efectos negativos a largo plazo.

Las investigaciones muestran que los acosadores pueden quedar atrapados en ese papel. Pueden sentirse ansiosos por perder el poder y el estatus que pueden derivarse de ser vistos como una amenaza. Sintiéndose inferiores en otras formas más prosociales, recurren a desarrollar su capacidad para devastar a los demás con una palabra, una publicación o gestos no verbales que afirman su superioridad sucedánea. Se rodean de otros matones y se vuelven menos empáticos. Aterrorizados de ser vistos como débiles, aumentan sus esfuerzos por parecer fuertes a expensas de los demás.

Sí, la probabilidad de que su hijo se convierta en un matón es pequeña. Solo entre el 5 y el 13% de los niños estudiados admiten estar en el extremo de la intimidación. Pero ese 5-13% de los niños que son acosadores ponen en marcha un patrón de por vida de amenazar a otros para apuntalar su baja autoestima. ¿Cómo podemos asegurarnos de que nuestro hijo no se convierta en uno de los perpetradores?

Cómo evitar que su hijo se convierta en un matón:

El modelado parental es importante: Los niños aprenden lo que viven. Observan cómo respondemos a los agresores públicos y privados. La cultura actual nos brinda numerosas oportunidades para unirnos a la retórica de los matones o para alejarnos con disgusto. Es casi imposible ver las noticias en estos días sin ver a los políticos haciendo todo lo posible para mostrar el peor comportamiento humano. Las redes sociales están llenas de informes de adultos que intimidan a otros. Hágales saber a sus hijos que tal comportamiento no es aceptable. Llame a las personas que sean groseras o críticas con los demás cuando suceda en su presencia. Hable con sus hijos sobre cualquier incidencia de acoso que vean en las noticias de televisión o en los videojuegos. Hable sobre los efectos negativos tanto en el acosador como en el acosado. Lo más importante es enseñar cómo se pueden manejar las cosas de manera diferente.

Monitorear otras figuras de autoridad adultas: Lamentablemente, hay maestros, entrenadores y líderes juveniles que parecen pensar que usar el sarcasmo y las humillaciones es un estilo eficaz de liderazgo. Sus víctimas se acobardan. Otros niños intervienen para mantener el enfoque negativo fuera de sí mismos. Sí, a veces da resultados. Pero los niños en la mira de los matones adultos están devastados. A menudo, abandonan un deporte o una actividad que les encanta para alejarse del abuso. Aquellos que lo toleran pueden aprender el tema, el deporte o el conjunto de habilidades en cuestión, pero los niños que son intimidados por sus mentores a menudo se deprimen o se traumatizan. También aprenden que la forma de ser un líder y tener autoridad es ser hiriente. Corrija, informe o insista en una acción disciplinaria cuando otros adultos sean solo matones que han crecido pero no han crecido.

Dale a tus hijos una brújula moral: La gente decente se comporta decentemente. Saber el bien del mal es algo natural, pero los niños necesitan que les demos reconocimiento por actuar en consecuencia. No evite darles lecciones directas de moralidad. Anímelos a hacer las cosas porque es lo correcto, no porque obtendrán una recompensa inmediata.

Nunca, nunca, humille a un niño: Sí, los niños hacen cosas que son divertidas y estúpidas. Pero ningún niño aprendió una lección importante al ser insultado y menospreciado. Los niños que acosan a niños han informado que el castigo frecuente mediante la humillación es una de las razones por las que acosan. Al no querer seguir siendo una víctima, su respuesta inmediata es volverse poderosos siendo en cambio un perpetrador. Nuestro trabajo como adultos influyentes en sus vidas es mostrarles que existe una tercera alternativa; que pueden aprender a navegar en una cultura desafiante con gracia y compasión por los demás.

Desarrollar su autoestima positiva: Criarlos con amor y aceptación. Enséñeles que sentirse bien proviene de hacer el bien; de ser una de las personas que aporta de manera positiva a su familia, amigos y comunidad. Eso es lo que está en la base de una autoestima saludable. Los niños con una fuerte autoestima positiva no necesitan ni desean ser un matón.