Toque social: construir o romper conexiones


Cuando tocamos, la frecuencia con la que tocamos y la forma en que respondemos al tacto está influenciada por una amplia variedad de factores. Cada cultura tiene diferentes normas sobre lo que es un toque social aceptable. Las familias y los grupos sociales dentro de una cultura tienen sus propias normas. Un estudio de 2012 en el Revista de personalidad y psicología social, por ejemplo, descubrió que los hombres son más propensos a tocar a las mujeres que viceversa.
Y cada individuo tiene un estilo de personalidad que puede influir en su nivel de comodidad con el tacto en situaciones sociales.
El contacto social (por ejemplo, una palmada en el hombro) es una parte importante de nuestras interacciones con los demás. Puede ser tranquilizador, crear vínculos, expresar preocupación y solidaridad, reducir la ansiedad y brindar tranquilidad.
Pero el contacto social también puede tener efectos negativos. Puede producir ansiedad y provocar irritación e ira. Si tiende a estar ansioso en situaciones sociales, es probable que el tacto provoque sentimientos de timidez y vergüenza, según un estudio de 2001.
Nuestra percepción del contexto de la situación social y el significado del toque también tiene un impacto en cuán bienvenido es el toque y cómo nos comportamos una vez que nos tocamos. George W. Bush creó la famosa controversia en torno al toque social cuando masajeó los hombros de la canciller alemana Angela Merkel. Las causas de la tormenta de críticas fueron muchas. Bush pudo haberlo considerado un simple acto de afecto, pero otros consideraron que el masaje en el hombro era una violación de las normas apropiadas, un intento de demostración de poder o incluso un acoso sexual.
Entonces, ¿cuándo el contacto social crea una sensación de camaradería, uniendo a las personas, y cuándo causa fricción e irritación?
Según un estudio informado en El periodico de Wall Street, la situación es crítica. En un estudio, los participantes compitieron entre sí en un juego por puntos de premio. Después del juego, podrían otorgar puntos a los competidores. Aquellos que habían sido golpeados por sus oponentes fueron menos generosos con sus puntos.
Los investigadores del estudio sugieren que cuando recibimos un toque social en un entorno competitivo, lo percibimos como un signo de dominio, lo que nos hace erizarnos y comportarnos con menos generosidad.
En un segundo estudio, se les dijo a los participantes que cooperaran mientras completaban un rompecabezas. En este caso, los que recibieron palmaditas fueron más generosos al otorgar puntos después del juego, lo que sugiere que el toque social mejoraba la sensación de conexión y cooperación.
El poder, el dominio y la competencia son importantes. Cuando estás en un ambiente de trabajo y quieres que la gente se una, quizás quieras considerar el contexto de una palmadita amistosa. Puede hacer que la gente levante barreras en lugar de derribarlas.